PELICULA

La película trata de la historia de la cooperación para el desarrollo desde los años 1960 y muestra diferentes estratégias para reducir la pobreza que se aplicaron a lo largo de las décadas.

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TEMAS

Pobreza

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La pobreza se define de manera diferente en cada país. Para medir la «pobreza relativa» se comparan los ingresos de una persona con la media de la sociedad en la que vive.

En cambio la «pobreza extrema» o «pobreza absoluta» describe la situación de personas cuyos recursos financieros son insuficientes para cubrir las necesidades básicas vitales. Estas son las personas que viven debajo de la línea de pobreza.

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La línea de pobreza designa un monto de ingresos, bajo el cual la adquisición de los recursos vitales necesarios ya no es posible. Según el Banco Mundial existe pobreza extrema cuando se tiene que sobrevivir con menos de 1.90 USD por día o 57 USD al mes en Estados Unidos. Para cada país se ajusta este monto de acuerdo con el poder adquisitivo, es decir, dependiendo de cuánto se puede comerciar o consumir con un determinado monto de dinero.

De acuerdo con las mediciones de la ONU, en los últimos 25 años la pobreza extrema se ha reducido a la mitad a nivel mundial. No obstante, en 2015 todavía el 9.6 % de la población mundial se encontraba afectada por la pobreza extrema.

La época del colonialismo

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Las expediciones de los portugueses a África y las de los españoles a América marcaron en el siglo XV el comienzo de la colonización del mundo por parte de los estados europeos. En el transcurso de 500 años los poderes europeos pusieron varios territorios de África, América, Asia, Australia y Oceanía bajo su dominio. Su afán era explotar nuevos asentamientos y espacios económicos para así ampliar su poder.

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La colonización fue acompañada por la trata de esclavos y la emigración de colonos europeos. Estos movimientos de población trajeron consigo la diseminación de las concepciones europeas sobre la cultura, de las lenguas indogermánicas así como del cristianismo. Al mismo tiempo se crearon relaciones de dependencia económicas y políticas a escala mundial.
Las desiguales condiciones comerciales, que aún hoy en día favorecen a los colonizadores de entonces, son un ejemplo de la herencia de la época colonial.

Desde finales del siglo XVIII cada vez más colonias se convirtieron, mediante sangrientos conflictos, en territorios independientes, los cuales finalmente conformaron estados nacionales. A pesar de que la mayoría de las colonias a finales del siglo XX se independizaron, existen, incluso hoy, territorios todavía ocupados.

Ayuda para el desarrollo

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Como hora de nacimiento de la ayuda para el desarrollo se considera el discurso inaugural del presidente estadounidense Harry S. Truman en 1949. Él sostuvo que la mitad de la población mundial vivía en la pobreza e hizo un llamado para liberar a estas personas de la misma. Por primera vez en la historia de la humanidad la ciencia y la tecnología estaban disponibles para ello. El trasfondo, sin embargo, no era solo el deseo de ayudar sino también el hecho de que la pobreza era vista como una amenaza para los países ricos. Además, la ayuda para el desarrollo debería servir como un instrumento para propagar la ideología propia y evitar el despliegue del comunismo.

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Truman denominó a las naciones pobres como «países subdesarrollados» y, en cambio, a los países ricos como «países desarrollados». Su idea era que las naciones ricas deberían apoyar a los territorios «subdesarrollados» con ayuda para el desarrollo, por ejemplo, mediante ayuda económica, transferencia de conocimiento o programas de inversión.

El concepto de la ayuda para el desarrollo se inspiró en el Plan Marshall, con el cual los Estados Unidos habían ayudado a Europa Occidental para la reconstrucción económica después de la Segunda Guerra Mundial. De manera similar debería funcionar la ayuda para el desarrollo: debería llevar a un crecimiento económico y a un aumento del ingreso per cápita y estaba inevitablemente ligada a una agenda política de los estados donantes.

Primer, Segundo, Tercer Mundo

En la década de los 50 del siglo XX surgió de entre los escombros de la Segunda Guerra Mundial un nuevo orden mundial. Dos superpotencias se convirtieron en fuerzas determinantes de los sucesos.

Por un lado estaban los Estados Unidos que, con sus aliados, conformaron el así llamado Primer Mundo. Estos eran países con un alto estándar de vida, tales como Australia, Argentina, Corea del Sur y la mayoría de los países de Europa Occidental.

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Por el otro lado la Unión Soviética conformó, con los otros países socialistas, el denominado Segundo Mundo. Estos países tenían en común la hegemonía de un partido comunista y un orden social socialista. Entre estos países figuraban países de Europa del Este como Yugoslavia, pero también naciones como China, Cuba o Etiopía.

El autodenominado «Tercer Mundo» fue una combinación principalmente de estados asiáticos y africanos que no pudieron ser asignados ni al Primer Mundo ni al Segundo Mundo. Fueron en primer lugar estados pobres que aspiraron a una mejor situación económica y que quisieron luchar contra el colonialismo y el racismo.

El conflicto entre el Primer Mundo (las potencias occidentales) y el Segundo Mundo (bloque del Este) se denominó Guerra Fría. El Tercer Mundo se comportó de manera neutral en este conflicto y no se adhirió a ninguno de los dos bloques militares. Las naciones del Primer y Segundo Mundo compitieron por la influencia en el Tercer Mundo, con el fin de difundir su ideología y así imponer intereses políticos y económicos. La ayuda para el desarrollo sirvió de instrumento para alcanzar este objetivo.

Con el fin de la Guerra Fría cambió el significado del término Tercer Mundo hacia la expresión sinónima «países en desarrollo», es decir, países considerados como pobres según la evaluación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Desarrollo mediante el crecimiento

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En la década de los 60 se creía que el dinero podría resolver los problemas de los países en desarrollo. Suponiendo que el subdesarrollo era resultado de la falta de capital, se apoyó a los países pobres con préstamos. Se esperaba con ello un crecimiento económico que reduciría la pobreza y el desempleo y ocasionaría efectos de bienestar tales como mejor educación y salud.

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La esperanza era que la riqueza se filtrara a zonas y sectores «subdesarrollados» ( Efecto «Trickle-Down»). A su vez la integración de los países en desarrollo al mercado mundial debería servir como motor de crecimiento.

Sin embargo, los resultados deseados no se lograron. Cuando se examinó el impacto de las inversiones, se llegó a la conclusión de que seguía imperando la misma pobreza antes que después. Los préstamos otorgados se habían escurrido en las manos de unos pocos, quienes se habían enriquecido con las inversiones. No obstante, la mayoría de las personas permanecieron pobres.

Una consecuencia directa de la entrega de créditos fue el endeudamiento progresivo de los prestatarios. Ellos, con la esperanza del promocionado crecimiento económico rápido, tomaron estos préstamos los cuales desembocaron en corrupción, inversiones erróneas e intereses casi imposibles de pagar.

La gran deuda externa, que resultó de estos créditos, fue una de las razones por la que muchos países en desarrollo, a inicios de los años 80, eran prácticamente insolventes y cayeron en graves crisis económicas, sociales y políticas.

Cubrir necesidades básicas

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Ya que la estrategia de «Desarrollo mediante el crecimiento económico» no tuvo éxito, se desarrolló una nueva teoría en la década de los 70: Se supuso que el crecimiento llegaría una vez que las necesidades básicas de las personas estuviesen satisfechas.

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El entonces presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, concibió la llamada Estrategia de las necesidades básicas. Las palabras clave eran «alimentación para todos», «salud para todos», «educación para todos», etc. En vez de dinero, se enviaron alimentos y otros artículos de primera necesidad a los países en desarrollo y se pusieron a disposición instituciones educativas y servicios de salud.

Sin embargo, la situación en la década de los 70 apenas mejoró y el envío de productos básicos tuvo un efecto secundario no deseado: Los proveedores locales fueron desplazados del mercado porque no pudieron competir contra los productos de ayuda gratuitos. Incluso hoy en día sucede algo parecido cuando países industrializados exportan en gran escala productos subsidiados por el estado hacia países en desarrollo y allí los venden a un precio bajo.

Ayuda a la autoayuda

En 1992 se reunieron las Naciones Unidas en Río de Janeiro para la Conferencia de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. En esta conferencia se aprobó la «Agenda 21», un programa de acción de políticas de desarrollo y ambientales para el siglo XXI. La reunión marcó, por lo menos de manera formal, un cambio fundamental en la forma de pensar pues se alejó de la «ayuda para el desarrollo» para dirigirse hacia la «cooperación para el desarrollo».

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En la Agenda 21 se estableció un nuevo enfoque común para la política de desarrollo: el principio de «Ayuda a la autoayuda». Las medidas de política de desarrollo deberían estar destinadas a capacitar a grupos de la población desfavorecidos para ayudarse a sí mismos. Esto debería suceder, por ejemplo, a través de micro-créditos que permitiesen inversiones autónomas. Otro enfoque fue la promoción del desarrollo rural, para que los agricultores pudiesen llevar su economía en el sentido de la autosuficiencia.

El nuevo entendimiento de la cooperación para el desarrollo centrado en la colaboración, condujo a que se cuestionara la relación entre donantes y receptores y a que se tomaran más en cuenta las condiciones locales. El enfoque se desplazó hacia la independencia económica en tanto se alejaba de las medidas de política de desarrollo, las cuales terminaron en dependencia financiera. En consecuencia, la pobreza extrema se pudo reducir de manera significativa.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio

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En la Cumbre del Milenio en el año 2000, las Naciones Unidas hicieron un triste balance: aún vivían más de mil millones de personas en la pobreza extrema. Más de 700 millones de personas no tenían suficiente comida, más de 115 millones de niños en edad escolar no podían leer ni escribir, para más de mil millones de personas el acceso a agua potable limpia estaba negado, más de dos mil millones no disponían de instalaciones sanitarias. Estas personas tenían, por lo tanto, muy poca oportunidad de participar en los procesos sociales, económicos y políticos.

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En respuesta a esta desoladora situación mundial se aprobaron ocho «Objetivos de Desarrollo del Milenio» (Millenium Development Goals o MDGs). Estos eran, al contrario que los propuestos anteriormente, más completos, más concretos y en su mayoría dotados de un horizonte temporal claro.

Entre 1990 y 2015, por ejemplo, se debería reducir a la mitad el número de personas viviendo en la pobreza extrema y la mortalidad infantil, a su vez, en dos tercios.

Ya en 2010 se alcanzó uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio: la pobreza extrema en el mundo se pudo reducir a la mitad. Sin embargo, no solo fue una contribución de las medidas políticas para el desarrollo, sino también el auge económico de países como China o India. A pesar de que para el 2015 no se pudieron cumplir todos los objetivos, mejoras sustanciales fueron evidentes, por ejemplo, el aumento de niñas y niños que pudieron asistir a una escuela primaria, el acceso mejorado al agua potable limpia y logros en la atención sanitaria, así como en el control de enfermedades infecciosas (por ejemplo, la reducción de la mortalidad infantil y materna y la reducción de las infecciones de VIH).

Objetivos de Desarrollo Sostenible

En el año 2015 la Asamblea General de la ONU aprobó los «Objetivos de Desarrollo Sostenible» (Sustainable Development Goals o SDGs). Los objetivos deben ser puestos en práctica entre 2016 y 2030. Tienen el ambicioso propósito de erradicar la pobreza y el hambre en todo el mundo y tomar medidas para combatir el cambio climático y sus impactos. Una prioridad adicional es la protección de los ecosistemas y la promoción de la economía y el crecimiento sostenibles.

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A diferencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible fueron considerados, junto a la dimensión de desarrollo social, aspectos económicos y especialmente ecológicos. Otra diferencia importante es que los Objetivos de Desarrollo del Milenio eran válidos principalmente para los países en desarrollo, mientras que los Objetivos de Desarrollo Sostenible están concebidos tanto para países en desarrollo como para países industrializados. La idea es asumir la responsabilidad compartida y exigir de cada país una contribución.